Vía Siempre Quise Vivir del Aire
Ninguno de los alumnos de mi promoción en SENASA llegó a la escuela desde casa de sus padres. Todos tenían carrera universitaria, y también carrera en la vida. Pilotos civiles y del Ejército, TCPs, Ingenieros Industriales, de Telecomunicación, Aeronáuticos, algún directivo, abogados, etc…
El privilegio auténtico fue poder compartir los dos años de formación con profesionales excepcionales. Uno de ellos había dedicado una buena parte de su carrera profesional al análisis de incidentes de la aviación civil. Me ha pedido que publique una de sus solventes reflexiones en este blog.
Antes de servir a la patria, a Pepiño, y a toda su banda de secuaces iracundos, cautivo y desarmado, me dediqué durante 6 años a lo que genéricamente se llama “safety”, seguridad. La seguridad de los accidentes, no la de las bombas y los secuestros. El mantra de que la seguridad es lo primero, no suele pasar de ser una coletilla, aún para los que se dedican a ello. Generalmente es un medio de vida para los vendedores de humo que tienen por oficio la consultoría, el asesoramiento, los papeles, y las zarandajas de medio pelo a las que se dedican inmensidad de empresas de la órbita oficial.
Nos decía un profesor de la escuela de control que, históricamente, los logros en la seguridad en aviación siempre se han asentado sobre cientos de mártires que sufrieron accidentes de los que se mejoraron procedimientos, se desecharon materiales, se recalcularon estructuras, se rediseñaron manuales, se implementaron nuevos sistemas, se estudiaron factores humanos, se revisaron ciclos de vida, se identificaron riesgos, se corrigieron fallos de organización,… y en general, se aprendieron lecciones.


7.- ¿Y tú qué opinas?