| Jorge Ontiveros (Secretario de APCAE) | |
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| Ahora sólo falta averiguar qué nueva cortina de humo han tendido a nuestra costa, porque me resisto a creer -sabiendo quien llevaba la batuta- que haya sido solo para impedir que se hable de las medidas anticrisis contenidas en el mismo decreto en el que han colado de rondón la puntilla a nuestros derechos laborales y constitucionales. Si así fuera me sentiría decepcionado. Muy decepcionado. Por esa razón, porque no lo creo, porque no puede ser tan… evidente, voy a intentar desvelar a lo largo de las páginas siguientes algunas de las claves de lo que puede estar detrás de todo este lío. A ver si con un poco de suerte consigo comprender qué es lo que está pasando aquí.
Llevo todo el día esquivando a los medios: prensa, radio y televisión y recibiendo mensajes, decenas de mensajes. He terminado apagando el teléfono. No es cobardía, ni dejadez, es que estoy cansado, hastiado de repetir lo mismo y que no sirva para nada. Pero quieren saber. Yo también. Quieren comprender. Yo también. Quieren razones. ¡Anda!, como yo. Como todos. Y es que tengo la impresión de que todos ellos han olvidado que llevamos un año dando explicaciones y aguantando el chaparrón para nada. Y también que este problema le resbala a todo el mundo. Hasta que se quiere viajar en avión, claro. Es entonces cuando nos preguntan eso de: ¿Y así queréis que la gente esté de vuestro lado? ¡Anda!, ¿pero la gente está de nuestro lado? ¿Y por qué no se lo dicen a los señores Rubalcaba y Blanco antes de hacer las maletas? ¿Qué más teníamos que hacer después de un año de aguante para demostrar que no somos bandoleros, que lo de los sueldos es una verdad a medias, que no existen esos supuestos privilegios, que somos unos profesionales como la copa de un pino y que todo es un engaño del gobierno? El resultado quizá no haya sido el esperado. De hecho, no lo ha sido. En absoluto. La cosa estaba difícil. Ni yo ni nadie se siente orgulloso de lo que ha sucedido. Bueno, nadie no, porque ellos están como unas castañuelas. No había más que ver a estos prohombres en los actos conmemorativos de La Constitución Española. Por cierto, que no han parado de insultarla, de prostituirla, de pisotearla. Como si les perteneciera sólo a ellos y tuvieran derecho de pernada para violarla a su antojo. A partir de ahora y mientras dure la agonía del infame gobierno que nos desgobierna desde hace ya demasiado tiempo, podrá seguir haciendo lo que le de la gana y justificar lo injustificable con el resto de los trabajadores una vez derribado el bastión que lo impedía: la supuesta fortaleza de los controladores aéreos. Esos privilegiados. Basta echar un vistazo al blog de Rafael Simancas y otros honorables servidores públicos de pacotilla para saber por donde van los tiros. Detrás vais los demás. Ya lo veréis. Y lo tendréis merecido por lelos. Salvo que hagáis algo pronto. Decir ahora que hemos cometido errores estratégicos, tácticos y hasta meteorológicos es tan innecesario y obvio dada la espontaneidad de lo acontecido, como decir que el gobierno de nuestro país está formado por una pandilla de impresentables, mafiosos, corruptos, manipuladores, abusones y mentirosos (y me quedo corto). O que el poder judicial está mediatizado por el poder ejecutivo. O que el poder legislativo funciona como una máquina de churros alimentada con aceite de colza. Esto ya está tan gastado que hasta me ruborizo al escribirlo porque tengo la ligera impresión de que me estoy aprovechando de las ideas de otro y que en cualquier momento puede aparecer la SGAE a pedirme el canon correspondiente. Pero lejos de los calificativos, todos ellos despectivos por supuesto, con los que se puede adornar hoy el sustantivo “gobierno”, el balón de oxígeno que le hemos concedido al fracasado e incapaz ZP le va a durar muy poco; bien porque llegue la próxima intervención de la Unión Europea, bien porque la gente abra los ojos, o bien porque, una vez más, este latente conflicto haya sido cerrado en falso. Lo que suceda antes. No me he equivocado en el pasado y, por desgracia, no creo que vaya a equivocarme ahora. El sospechoso absentismo de ZP en la cumbre iberoamericana, justificado con otra mentira más amparada ni más ni menos que por la ya incontrolada crisis, cuando lo cierto es que después de un nuevo decretazo sabía que era seguro que seguiríamos su guión y su calendario, y, sobre todo, por la excepcional medida programada para después, no podían pillar al Jefe del Estado y al jefe del ejecutivo fuera del país. No hace falta ser controlador aéreo ni agente del CNI para darse cuenta de ello. Cualquier otra cosa que nos cuenten será, de nuevo, mentira. Una milonga. Como otras tantas a lo largo de estos años. Si nuestra actitud fue desmedida, que lo fue, de eso no cabe duda -hay que comprender, que a la vista de los precedentes hubiera sido estúpido limitarnos a acudir a los tribunales para recurrir los abusivos servicios mínimos que nos cascarían en la huelga legal que hubiéramos convocado en respuesta a una nueva majadería que ya colma el vaso-, el “Estado de alarma” decretado por el gobierno y la subsiguiente militarización han sido a mi juicio y aunque lo auguré el pasado agosto, más desproporcionados aún y hasta ilegales -basta leer La Constitución Española para percatarse de ello-, ya que un instrumento de este calibre, que hubiera sido más adecuado, necesario y oportuno aunque no se ajuste a la letra de ley para combatir al terrorismo que nos lleva atenazando desde hace décadas, llega ahora como un sanador ungüento en sustitución de un “talante” agotado hace ya tiempo en el compadreo de la negociación con los terroristas de ETA -ellos sí que son delincuentes, nosotros no-, los piratas somalíes -lo mismo- o el “problema” del Sahara y aledaños -más de lo mismo-. 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7.- ¿Y tú qué opinas?