Vía La Tercera Ola
M. Oliart
Resulta no ya sorprendente sino alarmante la visión que se ha propagado en España al respecto de la crisis de los controladores aéreos. Nunca antes un problema tan previsible y localizado ha hecho aflorar de forma tan abrupta y violenta las perversiones de nuestro sistema político. Detrás del conflicto de los controladores aéreos hay todo un vademecum sobre el mal gobierno, las conspiraciones interesadas y el mercantilismo más vergonzoso.
Todo lo sucedido a propósito de este conflicto no sólo ha generado un daño añadido a la imagen de un país agonizante, sino que, aún peor, ha terminado por dinamitar cualquier espejismo o vestigio del Estado de Derecho nos ha mostrado con claridad meridiana hasta dónde son capaces de llegar nuestros políticos cuando alguien se interpone entre ellos y aquellos a quienes verdaderamente sirven.
“políticos y medios de comunicación han convertido los sucesos de principios de diciembre de 2010 en una fraudulenta cuestión de Estado”
Hemos vivido el punto culminante, el paroxismo, de un sistema podrido hasta la médula, donde casi todas las piezas que lo estructuran actúan como células malignas, que amplifican y propagan la enfermedad. Sin embargo, contra toda lógica, muy pocos de nosotros han extraído las conclusiones oportunas. Y, a día de hoy, políticos y medios de comunicación han convertido los sucesos de principios de diciembre de 2010 en una fraudulenta cuestión de Estado, fabricando mediante la manipulación más obscena un nuevo y conveniente enemigo público número uno. Más allá de esta realidad impuesta no hay nada, sólo el silencio y la oscuridad habituales.
Sin embargo, en aquellos días el destino de España pudo haber cambiado. Si el plante de los controladores se hubiera prolongado contra viento y marea 72 horas más, podría haber provocado la caída del Gobierno. Existen argumentos no sólo para considerar seriamente esta posibilidad sino, también, para poner en evidencia oscuros intereses que hacen que contra toda lógica, en el caso del Partido Popular, especialmente el PP de Madrid, se decidiera no sólo pasar por alto una oportunidad de oro para liberar el país y a los ciudadanos de un gobierno inane y sin credibilidad alguna, sino que se estimularan y animaran iniciativas paralelas con las que ayudar a hacer el trabajo sucio a un gobierno noqueado.
Una imagen inoportuna y demoledora
Días antes del affaire aéreo, las presiones internacionales sobre España eran ya enormes. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se mantenía a duras penas gracias a promesas hechas in extremis a los diferentes agentes económicos y políticos de dentro y fuera de nuestras fronteras. Tal era la situación, y aún hoy lo sigue siendo, que cualquier contingencia añadida habría sido la gota que colmaría el vaso. No había el más mínimo margen. Las únicas noticias que la UE y EE.UU. querían tener de España era el anuncio de nuevas y más profundas reformas, nunca recibir de las agencias de prensa internacionales las instantáneas de un país colapsado. Aquello era más de lo que estaban dispuestos a tolerar a un presidente al que consideraban no sólo un personaje incompetente e irresponsable sino también muy peligroso.
“De persistir el motín de los controladores, entraba dentro de lo previsible que se produjera una acción táctica desde la UE (promovida por Alemania y Francia) con el fin de forzar la dimisión del Gobierno Español”
Durante todo el sábado 4 de diciembre, en el Palacio de la Moncloa se temió que en cualquier momento el teléfono rojo sonara y el recado fuera apremiante. Desprovista de cualquier vestigio de diplomacia, el tono de la llamada, si ésta finalmente se producía, sería imperativo: “Si ustedes no pueden mantener el país en orden, deberán dejarlo en manos de quien pueda hacerlo”. Y no era para menos. Los mercados acechaban a España y la necesidad de mensajes positivos era perentoria. Sin embargo, en situación tan crítica, lejos de emitir mensajes tranquilizadores la imagen que se estaba ofreciendo era la de un país fuera de control. De persistir el motín de los controladores, entraba dentro de lo previsible que se produjera una acción táctica desde la UE (promovida por Alemania y Francia) con el fin de forzar la dimisión del Gobierno Español. Para Europa, este tipo de soluciones era jugar con fuego, y su resultado podía ser como apuntar y dispararse en el pie o incluso más arriba. Pero, según pasaban la horas, el conflicto del espacio aéreo español ponía de relieve el caos, el desgobierno y la postración del país. Y esto, sumado a los despropósitos y urgencias incesantes de los últimos días, haría que la situación terminara por ser insostenible. Así, tras seis años de zapaterismo impenitente, todas las alarmas se habían disparado al unísono y sonaban atronadoras. Para José Luis Rodrígez Zapatero atajar el problema por cualquier medio, por expeditivo que este fuera, era una cuestión de supervivencia.
Continue reading »
7.- ¿Y tú qué opinas?